viernes 3 de febrero de 2012

Ausencia

Cuida tu mente más que a nada en el mundo por que ella es fuente de vida. Prov. 3.23

Siempre fue un patrón a seguir por los modelos de conducta humana. Aceptarlo es un dechado de elegancia.

Hasta éste momento la psicología, la sociología, la antropología se unían para moldearle ese estatus adquirido y rol social que lo sumergió entre la filantropía y el acetismo místico que brillaba en su aura.

Sayaxché fue lo último que se mencionó, deambulando en imagenes, olores y sonidos sonó el motor de la lancha que desafiaba el crujiente y encolerizado río Usumacinta.

Un céfiro que siguió al olor cal condensó todo en ausencia.

domingo 24 de julio de 2011

...

Hoy amigos mencionaré al sol de ayer que en su rutina, en su andar; Señorío mostrase ante el pueblo, de colores pintó el cielo y las aguas que acomodasen para una jornada más. En el Chal Tun Há se estaba amaneciendo.

El brillo en el fluido aumentaba mientras el aire pasase acariciando sus límites. Todo eso ocurría mientras él se paseaba por su eterno corredor -Si- yo lo estuve viendo, también vi el reflejo de la bóveda celeste.

Corriendo sin piedad a la eternidad, hermoso, irreverente, dio sus ultimás pinceladas creando los matices del atardecer. Cesó del viaje, marchose con el mismo señorío con el cual entró; dejando a todos ellos a la negra noche. Yo también lo vi, vi al Martín pescador, a la garza, al malache, a la mojarra, al pupo, a la tortuga, al gato, a la sardina, al zanate. Yo los vi.



domingo 5 de junio de 2011

Dialogo I Nicómaco y Anatoli

ANATOLI: Pero a ver, maestro Nicómaco, ¿cuál es el sentido de la vida, entonces?
NICÓMACO: Te lo he dicho una y otra vez, Anatoli, que el sentido de la vida es prácticamente inescrutable y no es sensato abrazarse a certeza alguna.
ANATOLI: ¡Pero yo no puedo vivir con semejante inseguridad! Me roería por dentro hasta descoserme y, además, siempre acecharía el miedo a no descubrirlo nunca.
NICÓMACO: Es ley.
ANATOLI: ¿Ah, sí? ¡Yo la maldigo! ¿Y quién la impuso?
NICÓMACO: La propia naturaleza de la condición humana. Y de nada sirve enojarse. Eres joven y, a decir verdad, me recuerdas a mí mismo con toda esa rebeldía, el brillo en tus ojos amenazantes, la frente sabia, las manos enjutas, la boca inquieta y, sobretodo, el motín que se desata en tu interior. ¿O me equivoco?
ANATOLI: Más o menos.
NICÓMACO: Pero es gratuito, totalmente gratuito. Paulatinamente, comenzarás a apreciar las cosas sencillas, desecharás las vacuidades y esculpirás el carácter incluso apreciando los problemas de antaño que, a menudo, encerraban las mejores enseñanzas… hasta comprender que lo importante es disfrutar del momento y ser lo más feliz posible.
ANATOLI: Permítame decirle que me cuesta creerlo, de la misma manera que me resulta inconcebible cómo la mayoría de la gente ignora este asunto. ¿No les preocupa ser manejados como títeres por los dioses? ¿Ser un apéndice más del destino? ¿Ser hijos de lo fortuito?
NICÓMACO: Anatoli, no deberías plantearte los designios azarosos responsables de tu presencia aquí. Eso es muy peligroso. Algunos enloquecieron.
ANATOLI: Y, ¿qué me dice en cuanto a ser barridos por el devenir de los años?
NICÓMACO: Que eso es muy egoísta.
ANATOLI: ¿El qué? ¿Querer permanecer en el recuerdo? Por favor… ¿y quién no lo quiere?
NICÓMACO: Yo, por ejemplo, no lo necesito.
ANATOLI: Mentira.
NICÓMACO: Verdad. Tú anhelas con fervor ser recordado; pero, dime, ¿qué te aportará? Cuando se está muerto, no se siente, no se padece, no se quiere. La percepción del tiempo se antoja eterna, plana, multidireccional. Que haya algo detrás o no… quién sabe, hijo mío, quién sabe.
ANATOLI: No sé… me aterra pensar que nada tenga sentido, maestro. Si lo que haga a lo largo de todos estos años no es recordado, implicará su inexistencia, y eso me destruye en vida, ¿lo entiende? La mejor forma de ser inmortal es viviendo en mentes. Y echar la llave.
NICÓMACO: Eso es totalmente falso, Anatoli.
ANATOLI: Discrepo, y mi cólera se halla lejos de amainar. ¡No! ¡Me niego a aceptar la crueldad de nuestra existencia! ¿Meros trámites? ¿Pasajeros? ¿O, mejor aún, parásitos? ¡Por las furias! ¡No y mil veces no!
NICÓMACO: Calma, calma. Como dijo mi maestro, en paz descanse, todo orgullo, a ojos de la eternidad, no es más que polvo. Y tú, ahora, más imprudente que nunca.
ANATOLI: ¡Por Zeus! ¿Tan malo es no querer perder a mis seres queridos? ¿Aferrarme a una burbuja de esperanza y aliento? ¡Ya sé que es frágil! Pero es todo lo que tengo. Necesito una explicación, ¡compréndame, maestro!
NICÓMACO: Ahí está el secreto, Anatoli, que no hay nada que comprender y todo que aceptar. Aceptarte tú, aceptar un mundo, aceptar nuestro camino y procurar andarlo bien. Percátate de ello y tendrás la suerte de saborear todo lo que comas y bebas, los vientos agradables y los enojados, las sonrisas gratas y el mecer del tiempo. De arrepentidos, el mundo está lleno, tan solo mira a tu alrededor.
ANATOLI: Ya… están todos muertos y ni siquiera lo saben. Andan muertos. Muertos. Escasos arriates para tanta ceniza.
NICÓMACO: ¡Anatoli, basta ya! Abre los ojos y las orejas, pero ábrelos bien y escucha atentamente lo que te voy a decir.
ANATOLI: Pero es que…
NICÓMACO: ¡Es que nada! Silencia tu caos y haz caso: esta vida, acaso ficción, acaso sueño, está plagada de dudas e incertezas. No somos más que el resultado de un cúmulo de circunstancias sobre el que es inútil reflexionar; erramos con un aliento finito por los predios que nos dan de comer; somos muchos “yos” a lo largo de la vida, una concatenación que seguirá bailando sobre sí misma, eterna sombra, hasta…
ANATOLI: ¿Hasta cuándo?
NICÓMACO: Hasta que el silbido de la hoz al bajar la cortina de aire te musite al oído un blues que, entre versos, bisbise el sentido.

Cuidadosamente. . .

viernes 6 de mayo de 2011

Lecturas de hace unos dìas.

La barca, equipada con su respectiva vela, timón de pala un pito que llamaban "carroche" debido a que emitía, efectuaba viajes de Ciudad Flores al Remate transportando personas y también mulas para traer de Belize las mercaderías. Que luego sería conducida en la barca a la isla. Embicaba en la playa de doña Epafródita Burgos llamada con cariñó Doña Pajo. . .

. . . Una estrofa de su canción "El chejée" dice así:


"Andando por san Francisco

una nahuyaca me encontré

y al pegarle un mordisco

de tu nana me acorde"

de Apología a Peten y otros cuentos y leyendas. Burgos. J.

- !Ay! - decía el ratón-. El mundo se vuelve cada vez mas pequeño. Primero era tan ancho que yo tenía miedo, seguía adelante y me sentía feliz al ver la lejanía de derecha a izquierda, algunos muros, pero esos largos muros se precipitan velozmente los unos contra los otros, que ya estoy en el último cuarto, y allí en el rincón, está la trampa hacia la cual voy.
- Sólo tienes que cambiar la dirección de tu marcha -dijo el gato, y se lo comió.ç

de La muralla china. Fabulilla. Franz Kafka; traducción Guiñazú, A.